jueves, 8 de abril de 2010

¿Larga vida al mercado paralelo?

Por primera vez esta pregunta no me parece fácil de contestar. Hasta aquí ha predominado la solución más práctica. El mercado paralelo de divisas se mantiene por dos razones: 1) Al que más le conviene su existencia es al gobierno, pues le permite beneficiarse de la depreciación sin devaluar, y 2) De no existir el paralelo legal existiría el mercado negro, con una prima mucho más alta por riesgo, y esa mayor tasa de cambio serviría de marcador de precios, lo que a su vez traería consigo una aceleración de la inflación, et cetera. Esa lógica es todavía válida. Pero han surgido algunos elementos que vale la pena considerar.

En primer lugar, mantener el paralelo es caro. En 2009 el gobierno se vio obligado a inyectarle 24.415 millones de dólares (ese es el resultado de la acumulación neta de activos privados en el exterior más los errores y omisiones). Eso representa 42% de nuestras exportaciones. Para hacer eso posible el gobierno sacrificó reservas (10.292 millones de dólares), utilizó activos públicos en el exterior (9.023 millones) y acudió de forma agresiva al endeudamiento externo (14.974 millones). Ninguna de estas tres opciones puede ser replicada a corto plazo: No se pueden perder más reservas e invertir más activos de los que se tienen, y tampoco se puede recurrir al endeudamiento ad infinitum. Ya Venezuela hoy en día es el país de mayor riesgo en América Latina. Según la cotización de los credit default swaps de esta semana, para “asegurar” pagos de deuda pública venezolana a cinco años la prima alcanza 8.8%. Argentina se ubica en 8.7%. El resto de América Latina se encuentra entre 0.8% (Chile) y 1.4% (Colombia). Ya no sólo es que “no somos suizos”, ya tampoco llegamos a colombianos.

Ahora bien, el año pasado, la liquidez “apenas” creció 22% (la inflación fue 27%). En lo que va de año el crecimiento ha sido menor a 1% y aún así no ha sido posible contener la cotización del dólar paralelo. ¿Qué ha pasado? En parte, aunque la oferta monetaria se mantiene, la caída en el volumen de producción y ventas ha provocado una caída en la demanda de dinero, creando un exceso de oferta que se canalizó hacia el paralelo. Pero la proximidad de las elecciones obligará al gobierno a acelerar el gasto y provocará un nuevo crecimiento de la liquidez, que pondrá más presión sobre el dólar. ¿Y entonces? ¿Cuánto va a costar este año “mantener” el paralelo? ¿Hasta cuándo va a estar dispuesto el gobierno a sacrificar reservas y endeudarse para financiar salidas privadas de capital? ¿O va a dejar de gastar?

La respuesta no es fácil, porque las alternativas tampoco son fáciles. En el fondo, esta situación es una derivación de la improbable tensión que existe en el tratar de imponer una revolución socialista y al mismo tiempo mantener ciertos rasgos de mercado. No se va a poder seguir así. No se puede seguir persiguiendo a la propiedad y a la tenencia de bolívares, y poner una taquilla al final del pasillo para que esos bolívares sean cambiados a dólares. Un reporte reciente de JPMorgan señala que de seguir así en 5 años nuestra balanza de pagos sería negativa entre 100-180 millones de dólares. Es evidente que ese día no va a llegar. Algo va a pasar antes.

MAS

Debate en Cartagena ayer (07/04/2010) entre Insulza, Valenzuela, Haussman, Naim, Sanin sobre OEA y Carta Interamericana en el caso Venezuela

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jueves, 25 de marzo de 2010

Solana y la barbarie a flor de piel

“La verdad es que el tema de Venezuela es un poco álgido, quizás por eso no te he contestado del todo bien”. Eso me ha dicho durante el receso Javier Solana, ex Secretario General de la Unión Europea (1999-2009) y actual Presidente del Centro de Economía Global y Geopolítica de ESADE, en Barcelona, España. La presencia de Solana como orador de orden en un congreso de investigación en finanzas de América Latina realizado aquí esta semana me tomó por sorpresa y no quise desperdiciar la ocasión.

Solana se ha referido en su intervención al cambio de balance de poder político y económico de Este a Oeste, de la transición de un mundo centrado en Estados Unidos a otro de carácter “multi-polar” (otra de esas palabras que hemos desgastado con el uso excesivo e inútil). Ese movimiento también trasladará el poder de una sociedad que hace énfasis en el individuo a otra en que prevalece el grupo y en donde el contexto en el que ocurren las cosas es más importante que las cosas en sí mismas. El “mercado” como concepto se ha desprestigiado un poco y, en el contexto de esa transición, la relación Estado-mercado será sometida a un nuevo escrutinio, del que resultará un arreglo inevitablemente diferente.

En ese nuevo orden los problemas serán cada vez más globales, y requerirán soluciones globales. ¿Y cómo se puede articular una respuesta global, en un mundo en donde el poder estará distribuido entre naciones independientes que defienden sus intereses y no necesariamente tendrán como prioridad la armonía global?. Ahí está el detalle. En esa instancia, ha dicho, se requiere de la existencia de una nueva ola de organismos multilaterales que, manteniendo el respeto a la legitimidad y la soberanía, sea capaz de operar como una suerte de veedor global.

Para Solana, la pobreza, la proliferación de armas nucleares y el cambio climático serán los tres grandes temas de los tiempos por venir. En la sesión de preguntas, no quise dejar pasar la ocasión para apuntar que, si bien toda su visión está basada en una concepción de “importancia poblacional”, en donde Brasil, Rusia, India y China serán los nuevos centros del poder, las amenazas nucleares y los conflictos podrían venir más bien de un conjunto de países relativamente pequeños. Me preguntaba yo qué tan contento estaba Solana con la forma en que el “multilateralismo”, tal y como existe hoy en día, ha lidiado con esos países y qué cambios cabe esperar en el futuro.

Su respuesta ha sido bastante vaga, políticamente correcta, dentro de lo que cabe esperar. Solana confía en las posibilidades diplomáticas siempre y cuando sean ejercidas de forma coordinada y cuenten con el apoyo de los cuatro nuevos grandes actores. Es una forma de verlo, bastante civilizada por cierto, bastante ajena a esa barbarie que ya uno trae a flor de piel. Esa misma cualidad, la ciudadanía, es quizás la que lo ha llevado a acercarse al final para disculparse por la evasión, y a ser tan cándido en relación con Venezuela en particular. “Hoy los líderes están surgiendo de canales muy distintos a los tradicionales. No siempre es fácil lidiar con algunos de ellos. Pero sí se puede”. Eso es algo que vamos a llegar a ver en nuestro horizonte de vida.

MAS

El territorio de los indios kunayala

Tras dos horas en rústico 4x4, luego de atravesar un río con el agua hasta las puertas, la sinuosa trocha de barro y granzón desemboca en una recta mal asfaltada y peor mantenida, una suerte de pista de aterrizaje clandestino al final de la cual se asoma el azul del mar. Después de atravesar las llanuras, ríos y montañas, no deja de ser una sorpresa el encontrarse de repente con el reflejo cegador del sol en el agua.

Ahí, al final, en una churuata de hojas de palma, al lado de un estacionamiento aplanado en la maleza, esperan algunos indios kunayala. "¿El Porvenir?" Sí. Se voltea hacia un grupo de indios y discuten en dialecto. "Ya viene. En camino." Los indios kuna originalmente ocupaban tierra firme, pero buscando protegerse de los horrores del descubrimiento y la conquista huyeron hacia las trescientas sesenta y cinco islas ("una para cada día") que conforman el archipiélago de San Blas, en el Atlántico panameño. A partir de 1953 un estatuto les permite administrarse como región autónoma. Del conjunto de islas, algo más de noventa están pobladas. Cada isla cuenta con un líder de la comunidad o "saila". Cada cinco años los saila eligen al Cacique, que representa a los kunas ante el gobierno central panameño.

Los kuna siguen viviendo aquí, en este paraíso tropical, fieles a su lengua y sus costumbres. El turismo aún es muy incipiente, y ellos lo han acomodado dentro de su estilo de vida con cierta facilidad. Todavía no llegan hasta aquí las hordas de turistas, las islas no cuentan con alojamientos de lujo, agua caliente o aire acondicionado. Las opciones se limitan a espacios verdes para ubicar carpas, una gran churuata con hamacas, y unas modestas habitaciones con baño y sin puertas. Esta oferta convive con las chozas, los botes de pesca, y los coloridos atuendos de las mujeres.

Si hay alguien que le da cuerda al mundo, en San Blas ha impuesto un ritmo diferente. Sobra el tiempo para reflexionar y para acostumbrarse a esa extraña idea de islas tropicales, de arena blanca y aguas cristalinas, habitadas y administradas por tribus indígenas. Predomina una felicidad superficial y casi onírica. El viaje externo y el viaje interno. El frágil equilibrio que caracteriza la belleza. ¿Por cuánto tiempo puede permanecer esto así? ¿Cuánto tiempo antes de que el gobierno decida asfaltar la carretera Llano-Cartí, otorgar licencias de operación a grandes botes, o levantar algunos resort-spa en las islas? ¿Cuánto tiempo antes de que los kuna, en lugar de ver a los visitantes como seres humanos que aprecian y complementan su estilo tradicional de vida y espacio natural, los empiecen a ver como billetes ambulantes en traje de baño? ¿Cuánto puede pasar antes de que se instaure aquí el consabido excuuuuuse-me sir, siir, excuuuuse-me? Es difícil de saber. Hasta ahora no ha ocurrido. Irónicamente, la ausencia de comodidades opera como un extraño pero efectivo mecanismo de selección: Sólo vienen aquí aquellos con mayores probabilidades de apreciar este equilibrio frágil y, por ende, de marcharse dejándolo intacto. Pero uno nunca sabe. El mecanismo de mercado es muy poderoso, siempre está expandiéndose, y cada vez hay más turistas para los mismos lugares.

MAS

jueves, 11 de marzo de 2010

Venezuela hemofílica

Hace algunos años, a raíz de una nota titulada “Se desangra Venezuela” que escribí en referencia a las continuas salidas de capitales del país, recibí un breve mensaje de Luisa Palacios. Individuo de número de esa corriente que se resiste a ver nuestro devenir y la vida en general en términos casuales, con esa inclinación a lo causal y a la narrativa tan característica de la economía política, Luisa había identificado ya el patrón general a partir del cual se podía explicar aquella ocurrencia específica: “Venezuela no se desangra, Venezuela es hemofílica”. Hago la puntualización porque creo que es una frase afortunada, con una consistencia y una perfección casi artesanal, y no corresponde a mi autoría.

Esa hemofilia nuestra se me vino a la mente tras publicar el BCV los resultados de 2009: La acumulación de activos privados en el exterior totalizó 18.124 millones de dólares. A esa cifra la metodología económica tiene a bien agregar los “errores y omisiones”, unos 4.783 millones adicionales, que arrojan un gran total de 24.415 millones de dólares en salidas de capital privado. Eso incluye la venta directa de dólares, las emisiones de bonos (bolívar-dólar) y las asignaciones de CADIVI a transnacionales para repatriación de dividendos. Comoquiera que esta última desde hace un par de años se aproxima a cero, esa cantidad viene a ser un estimado fiel de lo que le ha costado al gobierno “mantener” el dólar paralelo. ¿Qué quiere decir mantener? Durante 2009, el valor promedio del bolívar en el paralelo se depreció 41%, aunque entre diciembres de 2008 y 2009 apenas llegó a 15%. ¿Cuánto costó que “sólo” fuese eso? 24.415 millones de dólares.

Esta cantidad, sin precedentes desde los días de Herrera Campíns, los torontos y las cadenas de último lunes del mes, tiene sus implicaciones para lo que está por venir. En primer lugar, cuando se trate de determinar cuántas “reservas” tiene el gobierno (decir el Estado sería mucho), hay que considerar no sólo las importaciones (cuenta corriente), sino también el financiamiento del paralelo (cuenta de capital privado, que ya totaliza 65% de las importaciones). En segundo lugar, hay que preguntarse por cuánto tiempo más va a estar dispuesto el gobierno a quemar dólares para atender el paralelo. El año pasado fue necesario endeudarse 14.974 millones de dólares (netos), sacrificar 10.262 en reservas y desacumular otros 9.023 desde FONDEN (y afines). ¿Por cuánto tiempo más lo podrán hacer, y no menos importante, por cuánto tiempo más estarán dispuestos a hacerlo?

No se trata tanto de si quieren o pueden, sino de qué alternativas tienen. En el ambiente actual de expectativas, con las tasas de interés tan negativas y la persecución a la propiedad, no atender el paralelo obligaría a recortar el gasto público o a permitir una fuerte depreciación del bolívar, que a su vez tendría su efecto en los precios. La alternativa tampoco es atractiva: Seguir endeudándose, quemando dólares, para que un pequeño grupo de venezolanos sigan atesorando dólares en el exterior. Es una elección incómoda que hasta ahora se ha saldado por el lado práctico. Pero eso no siempre será así.

MAS

Update (Marzo, 2010) de Perspectivas Económicas de Venezuela! (Venezuela hemofílica)

domingo, 7 de marzo de 2010

Arias y las generaciones perdidas: Una relación entre nuestros recientes resultados económicos y el discurso de salida del Presidente de Costa Rica en Cancún

Tenía la firme intención de hacer referencia hoy al breve discurso de despedida de Oscar Arias en la Cumbre de Cancún, pero los resultados divulgados por el BCV me hicieron vacilar. Y esa no es una situación puntual. Uno vive por estos días esforzándose por mantener la mente clara, la frente en alto, cierta visión acerca del rumbo del país y de la propia vida, mientras es bombardeado por toda suerte de sucesos y noticias, ¿viste lo que dijo?, ¿viste lo que pasó?, ¿viste como secuestraron a aquél o mataron a aquél otro?, cuando no inmersos como protagonistas en una de esas situaciones que ya se han vuelto cosa de todos los días. ¡Cuánto ruido, cuánta información, y cuánta dificultad para percibir la diferencia! En cualquier caso, como suele suceder también en la vida real, decidí atender ambos frentes.

Nuestra economía ha caído en el año 3,3%, más que la media de América Latina (1,8%) y el mundo (1,1%). Pero más importantes aún son las enormes diferencias institucionales que afloran en esas estadísticas. La producción del sector público creció 1%, mientras el sector privado cayó 5%. Este último acumula ocho trimestres en cero o negativo, mientras en ese período el sector público ha crecido 17%. Todo un proceso de cambio institucional en la propiedad de los medios de producción. “Muchos quieren abordar un oxidado vagón al pasado, a las trincheras ideológicas que dividieron al mundo durante la Guerra Fría… Así corremos el riesgo de aumentar nuestra insólita colección de generaciones perdidas”.

Durante el trimestre el volumen de producción petrolera ha vuelto a registrar una sólida caída (10.2%), pero más importante aún es lo que ocurre en el resto de la economía. Los sectores que registran mayor crecimiento son aquellos donde predomina el Estado: Comunicaciones (10.5%), electricidad y agua (5.5%) y productos y servicios del gobierno en general (2.8%). No les tomará mucho tiempo revertirlo (los resultados y las estadísticas). Dentro de este último rubro resalta en particular el crecimiento de “administración pública y defensa” (4.4%), que contrasta con salud (1.4%) y enseñanza (0.1%). “Un mayor gasto militar es inexcusable ante las necesidades de pueblos cuyos verdaderos enemigos son el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la desigualdad y la criminalidad… Un verdadero demócrata demuestra su energía combatiendo la pobreza, la ignorancia y la inseguridad ciudadana, no imperios extranjeros y conspiraciones imaginarias... ¿Con qué derecho se queja América Latina de su pobreza, si gasta 60.000 millones de dólares al año en armas y soldados?”.

Esas cifras contrastan con el descalabro registrado en áreas donde predomina el sector privado: transporte (-16,9%), el comercio (-13,9%), la industria manufacturera (-6,9%).
“¿Cómo habríamos de permitir el dantesco desfile de cohetes, misiles, y rifles que pasa frente a pupitres desvencijados, loncheras vacías y clínicas sin medicinas?” En nuestro caso, habría que agregarle la insólita perspectiva de los grifos sin agua y los postes sin luz. Qué difícil resulta conjugar la sana envidia y la alienación que se siente ver un país tan pequeño y tan frágil con un Presidente así. ¿Cómo así? Así, así.

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